
La gloria. Emilio de Justo ha tocado esta tarde con las manos esa gloria que es triunfar en la primera plaza del mundo y cruzar el umbral de su puerta grande. Lo ha hecho después de llegar con el muslo atravesado por un toro y con el dolor aún reciente de la muerte de su padre, que sin duda ha estado muy presente el ánimo del torero a lo largo del gran esfuerzo que el de Torrejoncillo ha hecho para llegar a esta cita tan importante, fiel a su compromiso con la profesión y con la afición.
Su triunfo ha estado sustentado en la capacidad y la firmeza que le habían llevado hasta aquí, con una temporada marcada por la progresiva escalada, triunfo a triunfo, en distintas plazas de España y Francia. Tenía que venir a Madrid a ratificar todo eso y a fe que lo hizo, a pesar de lo mucho que le ha costado llegar, apurando hasta última hora su recuperación. Cortó una oreja a su primero, de La Ventana de el Puerto, al que toreó muy bien a la verónica en los lances de recibo, a pesar de salir suelto el animal, y también en un personal quite a la verónica. Disposición y compromiso máximo. Con la muleta, dejó pasajes importantes por el pitón derecho, así como varios remates de mucho sabor. Grandísima la estocada y petición de trofeo atendida. Una petición que fue unánime tras doblar el cuarto, segundo de su lote, al que despachó de un nuevo estoconazo. Antes, había estado firme y valiente con un toro nada fácil, que por el izquierdo se metió siempre por dentro y por el derecho no terminaba de entregarse. Sí se entregó De Justo, que fue haciendo la faena y metiendo al tendido en las misma, hasta alcanzar la cima en una tanda a diestras muy emotiva, que puso a todos de acuerdo. El cierre, por manoletinas, vino acompañado de la rúbrica, ya dicha, con el estoque. Oreja y puerta grande en Madrid. Un sueño cumplido. Muchos, seguro, por venir.



